La
evaluación.
El mayor
enemigo de los estudiantes. Y aunque no lo parezca, también de los docentes.
En la
carrera nos enseñan a efectuar una evaluación sumativa, a valorar el proceso y
tener en cuenta el progreso del alumnado.
En los
colegios, nos imponen una evaluación final, con una calificación determinada.
Y
nosotros como futuros docentes nos encontramos en medio.
¿Qué
debemos hacer?
Somos
conscientes de que el esfuerzo y el proceso es mucho más importante que el
resultado final. Y aun así, debemos hacer mención a este resultado. Pero más
problemático aun es el hecho de que cada alumno es diferente, y cada uno debería
ser evaluado de una manera, pero en la práctica pocos son los casos en los que
esta regla se cumple.
Sí,
supongo que ante este hecho, todos afirmaréis que está en nuestras manos
cambiar esto. Y yo estaré de acuerdo con vosotros.
Pero, ¿no
creéis que tenemos que cambiar demasiadas cosas?
La
metodología, las actividades, los enfoques, los recursos, la práctica, la
evaluación, las programaciones…
En fin,
una cantidad demasiado ingente de cambios para la poca gente que está dispuesta
a intentar llevarlos a cabo en la realidad.
Por
desgracia, hasta que consigamos concienciar a más docentes de la necesidad de
cambios y nosotros podamos luchar en las aulas por ellos, esto es lo que nos
encontraremos:
Grupo 3.
Realizado por: Valeria Raserón.
