El mayor
enemigo de los estudiantes. Y aunque no lo parezca, también de los docentes.
En la
carrera nos enseñan a efectuar una evaluación sumativa, a valorar el proceso y
tener en cuenta el progreso del alumnado.
En los
colegios, nos imponen una evaluación final, con una calificación determinada.
Y
nosotros como futuros docentes nos encontramos en medio.
¿Qué
debemos hacer?
Somos
conscientes de que el esfuerzo y el proceso es mucho más importante que el
resultado final. Y aun así, debemos hacer mención a este resultado. Pero más
problemático aun es el hecho de que cada alumno es diferente, y cada uno debería
ser evaluado de una manera, pero en la práctica pocos son los casos en los que
esta regla se cumple.
Sí,
supongo que ante este hecho, todos afirmaréis que está en nuestras manos
cambiar esto. Y yo estaré de acuerdo con vosotros.
Pero, ¿no
creéis que tenemos que cambiar demasiadas cosas?
La
metodología, las actividades, los enfoques, los recursos, la práctica, la
evaluación, las programaciones…
En fin,
una cantidad demasiado ingente de cambios para la poca gente que está dispuesta
a intentar llevarlos a cabo en la realidad.
Por
desgracia, hasta que consigamos concienciar a más docentes de la necesidad de
cambios y nosotros podamos luchar en las aulas por ellos, esto es lo que nos
encontraremos:
Todos nosotros, futuros maestros, estamos
aprendiendo una cierta diversidad de conocimientos que pretendemos en algún
momento poner en práctica.
Un aspecto que todo el mundo nos vende
como imprescindible en las aulas es el Aprendizaje Cooperativo o, en su
defecto, defiende el Aprendizaje Colaborativo.
Mi reflexión surge ante el hecho de que
para hacernos ver la importancia de este tipo de aprendizaje, nos hacen
partícipes del mismo. De modo que seamos nosotros quienes trabajen de esta
manera. Opción práctica y útil, ya que es más fácil aplicar algo que conoces de
primera mano.
La pregunta es: ¿realmente sabemos lo qué
es el Aprendizaje Cooperativo y lo que conlleva? ¿Y la diferencia de éste con
el Aprendizaje Colaborativo?
Y no sólo eso… ¿realmente sabemos
trabajar en grupo, ya sea de manera cooperativa o colaborativa?
En cuanto a la segunda cuestión me arriesgaré afirmando que no. La mayoría de nosotros no sabe trabajar en grupo, sí, hacemos
algo similar. Pero, en realidad, sólo unos pocos tienen la capacidad de trabajar
de ese modo. Por supuesto, esto es un
problema, porque, ¿cómo fomentas algo que tú mismo no sabes llevar a cabo?
Por ello, os animo a reflexionar y a ser
conscientes de ver en qué consiste el verdadero trabajo en grupo e
intentar adaptarse a las situaciones. No digo que cambiemos nuestras formas de
ser, ya que el liderazgo en muchas personas es innato y les dificulta esta forma
de trabajo; pero sí la forma de actuar, teniendo en cuenta las opiniones del
resto del grupo y las críticas que nos puedan ofrecer, pues debemos tener en cuenta que en un trabajo en grupo todos los miembros trabajan con el mismo fin: obtener el mejor resultado.
En mi entrada anterior quise destacar la
importancia de aprender a escribir escribiendo. Pues, en mi opinión, si
queremos que los alumnos escriban correctamente y que desarrollen una
conciencia ortográfica, deben leer y escribir constantemente.
Es decir, la ortografía y la escritura se
asimilan leyendo textos y produciéndolos, con la finalidad de poder comparar y
reflexionar sobre lo observado y lo elaborado. Considero que es así como
realmente se logra asentar la escritura y las reglas de ortografía.
Seamos sinceros, ¿sirve de algo
aprenderse de memoria esos recuadros amarillos con las reglas de ortografía y
luego rellenar palabras con huecos, o asimilamos mejor poniendo en práctica
mediante la escritura y comparando mediante la lectura?
En la mente quedan olvidados esos
recuadros amarillos, salvo algunos que los maestros nos grabaron a fuego, y si
lo analizamos, escribimos por inercia porque las palabras las hemos escrito
antes o las hemos leído.
Pues bien, investigando sobre cómo
fomentar la escritura en los Centros Escolares he llegado hasta un proyecto de
innovación educativa bastante interesante. En este se desarrolla la escritura,
la lectura, la búsqueda de información, el uso de las TIC y la creatividad,
junto a otros muchos aspectos.
Primer día de Colegio… El maestro entra
en el aula y tras un cordial saludo sus primeras palabras son: “Hacedme una
redacción sobre vuestro verano”. Los alumnos no ponen pegas, unos más animados
que otros, algunos ilusionados por narrar todos los acontecimientos vividos,
otros más pensativos intentado imaginar qué historia le pueden contar al
maestro… Pero, al final, todos entregan sus redacciones. Redacciones que el
maestro corregirá y llenará de marcas rojas señalando las faltas de ortografía,
para después colocar en la esquina superior de la hoja una nota. En el mejor de
los casos, en lugar de una nota, hará que los alumnos escriban 10 veces cada falta
de ortografía, en el peor, hará ambas cosas.
Van pasando los días en el Instituto,
donde la situación no mejora. Nos mandan redacciones y copias a mansalva, más
copias que redacciones. Los profesores meterán miedo a los alumnos indicando
que aquellos que superen un número determinado de faltas, suspenderán.
Por fin, quien haya tenido esa suerte se
encontrará sentado en un aula de la Universidad. Ilusionado por el primer día,
recibirá la primera tarea del docente: “Para mañana deberéis traer hecha esta
práctica con los siguientes apartados… Y lo quiero redactado”. Tras esa última
indicación, el alumno comienza a temblar, la ilusión se desvanece y el miedo
hace mella en él. “¿Cómo redactará esa práctica? ¿Estará a la altura? ¿Hará el
ridículo?” Por supuesto, estas preguntas se las formulará aquel que tenga una
mínima preocupación, también habrá quien no tenga problemas en entregar un
trabajo de cualquier manera.
En definitiva… ¿qué es lo que observamos?
Al principio de nuestra etapa escolar los
alumnos desean expresarse, ya sea de manera más realista o más imaginativa,
pero lo que los niños quieren es que les escuchen y les presten atención. Pero si
tras seis años únicamente escriben redacciones para que el maestro les diga lo
mal que escriben las palabras su ilusión caerá en saco roto y sus ganas por
escribir y expresarse se desvanecerán.
Es así como en la Educación Secundaria
los alumnos han llegado sin motivación ni ganas por expresarse, porque saben
que siempre habrá errores y que dará igual las ideas que transmitan, el maestro
sólo corregirá esa tilde o esa “hache”.
Y es entonces cuando al llegar a la
Universidad el alumno se da cuenta de que todos le han intentando enseñar a no
cometer faltas de ortografía, pero que nadie a lo largo de 12 años le ha
enseñado a escribir, y lo peor es que continúa cometiendo esos errores. Aun así
el alumno lucha por intentar hacerse entender entre un mar de dudas e ideas,
preocupado por cómo escribir tal cosa y por evitar tal falta, y a pesar de eso
tiene que escuchar comentarios sobre… “los estudiantes universitarios no saben
escribir”.
¿No saben escribir? ¿Seguro? O… ¿no les
han enseñado a escribir? Tal vez el problema haya sido que nadie se ha
molestado nunca en explicarles qué es la escritura, la importancia de
expresarse con corrección para que la comunicación no falle y, todavía más
importante, incentivarles a escribir.
Escribir cualquier cosa. Da igual. Eso no
tiene importancia. Pero si escribes, aprendes a escribir. Y sí, la conciencia
ortográfica hay que desarrollarla, pero si logras tener alumnos sin errores en
la escritura pero que no saben expresarse por escrito… tu trabajo no habrá
servido para nada.
Estas reflexiones las he obtenido a lo
largo de cuatro largos años de carrera, en los que he observado atentamente los
escritos de diferentes compañeros y los míos propios.
Posiblemente lo que más me indigne es que
el sistema educativo funcione como una fábrica. Siempre se culpa al producto resultante de ser
fallido o defectuoso, pero no observan si el proceso de elaboración también
tiene algún defecto.
Me ha llamado sumamente la atención un
vídeo-documental en el que se habla sobre la Escuela de Escritura, instaurada
en la Universidad de Alcalá de Henares. Una iniciativa curiosa y a valorar. No
obstante, si se trabajara correctamente la escritura desde los inicios de la
escolaridad, este tipo de escuela no sería necesario.
Espero que lo disfrutéis.
Como apunte, quisiera indicar que este
vídeo forma parte de un programa llamado
Anaqueles Ocultos, con página web propia y que se dedica a hacer
documentales cortos muy interesantes de tema de actualidad. Os lo recomiendo
enormemente.
Nuevas generaciones, nuevos alumnos,
nuevos pensamientos, nuevas formas de entender el mundo, nuevas fuentes de
información… En la actualidad, cada día hay más novedades en la sociedad y, por
supuesto, todas ellas afectan a la Educación.
La mayoría de personas son conscientes de
esta evolución y de los cambios que conlleva, de este modo surgen nuevos
enfoques metodológicos, nuevos tipos de actividades e, incluso, nuevas clases
de maestros.
Pero, ¿realmente esto ha logrado mejorar
la educación?
Veréis, la mayoría de expertos ha
observado las novedades de nuestra sociedad, ha intentado comprenderlas y ha
tratado de adaptarse a la nueva escuela. No obstante, ¿es cierto que la escuela
ha procurado adaptarse a los nuevos alumnos que llenan las aulas? ¿O en
realidad ha disfrazado los métodos que todos conocían e intenta que sea el
alumno el que se adapte a formas del pasado?
He intentado meditar bastante sobre este
asunto y es cierto que el mundo ha cambiado, y que las nuevas generaciones han
crecido con esas novedades. Pero las mentes que siguen ancladas en el pasado
todavía no se han dado cuenta que al igual que cada persona aprende de un modo,
cada generación también lo hace.
No podemos pretender que un alumno con
acceso a todo tipo de información se interese por un libro de texto que no le
ofrece ni la mitad de lo que obtiene con pulsar una tecla de su ordenador. A
día de hoy el alumnado que accede a las escuelas tiene una forma propia de
aprender, que es posible que todavía no lleguemos a comprender con facilidad.
Debemos actualizar nuestra manera de
pensar, para llegar a comprender mejor la forma en que lo hacen los alumnos. De
este modo, podremos enseñarles de la mejor de las maneras para que la educación, y con ella el proceso de enseñanza/aprendizaje, no sea un fracaso.
Con tal de ilustrar estas ideas y
reflexiones, os propongo el visionado de un vídeo sobre una conferencia a manos
de Gonzalo Frasca. Éste, a través de los videojuegos, nos intenta explicar la
manera de pensar y aprender de las nuevas generaciones.
Bueno, como bien sabéis, todos los alumnos de la asignatura Didáctica de la Lengua y la Literatura, hemos tenido que elaborar una unidad didáctica individual.
Tras la realización de esta práctica he considerado el hecho de subirla al blog para compartirla como un material más con todo vosotros y con aquellas personas a quien pueda interesar. Espero que os ayude y os sea de utilidad.
El artículo “La animación a la lectura desde edades tempranas” de Pedro César Cerrilllo Torremocha hace mención a la
manera tan sorprendente en que la sociedad ignora y resta importancia a los
aficionados a la lectura, a pesar de que en los últimos años se ha observado un
aumento considerable de lectores.
Así pues, se debe recordar que leer es
una actividad cognitiva que implica gran esfuerzo, por tanto, la verdadera
lectura es voluntaria. Por desgracia, en las escuelas es donde se inician las
lecturas obligatorias, vistas como una imposición y un ejercicio más a
realizar. Este hecho provoca que leer quede relegado a un segundo plano, siendo
sustituido por otro tipo de actividades de ocio.
Es en este punto cuando se hace notar lo
imprescindible que es la convivencia entre lectura obligatoria y lectura voluntaria.
Aunque, por supuesto, no es una tarea sencilla, precisamente.
De este modo, se nos plantea una escuela
que manda lecturas obligatorias con tal de promocionar el hábito lector entre
los alumnos, aunque su misión sea desarrollar la competencia lectora. El
colegio no tiene por qué hacerse cargo de toda la responsabilidad, lo cierto es
que el verdadero hábito lector nace en el hogar, se crea en el núcleo familiar,
siendo incentivado con el ejemplo. Por supuesto, las escuelas reforzarán este
hábito un poco más tarde y las bibliotecas continuarán participando en esta
misión.
Estas ideas derivan en la importancia de la
existencia de la animación lectora. Sin embargo, no se debe olvidar que es una
actividad que requiere reflexión, no basta, únicamente, con plantear la lectura
como un juego. La animación lectora necesita ser libre, con libros adecuados,
de calidad y completos, y que la experiencia obtenida se comparta entre los
lectores. Además, es imprescindible ayudarse de la sociedad y de actividades
culturales, yendo un poco más allá y empleando, así, la promoción de la
lectura.
Por tanto, se requiere de actividades de
animación y promoción lectora, habiéndose iniciado a los futuros lectores en
buenos hábitos entre sus familiares, logrando además una combinación entre las
lecturas voluntarias y las obligatorias con el único fin de lograr ciudadanos
críticos, alfabetizados y con buena competencia comunicativa, que es lo que la
sociedad verdaderamente precisa.